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Actualizado 13/11/2017

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GUANAQUERA (Los Coroneles - San Juan 1954)

 

Un grupo de entusiastas y aventureros de la provincia de San Juan desarrollaron una serie de vehículos especiales con la inquietud de recorrer los Andes y llegar a lugares donde nunca nadie había alcanzado.

Federico B. Kirbus en sus invalorables viajes por Argentina “País de Maravillas” como lo denominaba, junto a su esposa Marlú fue el principal divulgador de nuestros paisajes y de estos vehículos “Sui Generis” con los cuales realizó varías travesías, entre ellas al Cerro Traviesa en 1998.

“Los Coroneles”, denominación que adoptaron porque decían que cuando sus Guanaqueras atravesaban la Puna levantando nubarrones de polvo parecían las columnas de Montgomery y Rommel en África durante la 2ª Guerra Mundial.

Las Guanaqueras eran vehículos especiales de potentes motores, peso reducido, techo de toldo, capó de lona y butacas de Citroën 2 CV, lo poco que tenían de carrocería era de aluminio, en resumen, máximo tiro de llanta con peso mínimo, la fórmula ideal para trepar, al tener bajo el centro de gravedad las hacía prácticamente involcables.

De las 7 u 8 Guanaqueras genuinas construidas, no hubo 2 idénticas, pero mostraban una asombrosa similitud mecánica entre sí.

La regla general era usar chasis anti torsión (Estanciera-Gladiator).

La mayoría de las Guanaqueras estaban dotadas con motor Tornado y Chevrolet 6 cilindros, aunque una de ellas tenía un motor V8, motores robustos, sin turbo ni intercooler, con rendimiento reducido debido a la poca capacidad de llenado, no obstante los vehículos tenían una gran capacidad de trepada.

El alto potencial de gradiente obedece a 2 motivos, por un lado la gran desmultiplicación (50:1) y segundo por su bajo peso, en el orden de 1.200 Kg vacío en orden de marcha.

Otra ventaja importante de las Guanaqueras para recorrer caminos extremadamente dificultosos era el uso de cubiertas tradicionales, angostas de tela, de un rodado de 6,50 u 7,00 x 16”, no tan vulnerables a los cortes de piedras filosas y lajas.

Para sus travesías las Guanaqueras contaban con herramientas y repuestos necesarios para reparaciones en el desértico terreno por donde circulaban.

El antecedente de las Guanaqueras surge en los años 60, cuando el corredor de TC Julio Devoto “Ampacama”, preparó un Ford V8 sin carrocería para poder perseguir a los huidizos guanacos.

Las Guanaqueras en los años 70 anticiparon lo que serían las modernas 4x4 de serie, incluso con elementos que estas no traen.

Los “Coroneles” y sus Guanaqueras enseñaron caminos y abrieron brechas donde hoy un 4x4 comercial no llega.

Este grupo de aventureros estaba compuesto por empresarios y profesionales, amantes de la mecánica y la naturaleza, respetuosos de la ecología.

El animador del grupo era el “gringo” de Lara; el “Pebi” Zimmermann planificaba las salidas; “Lucho” Cernuda era el técnico del grupo; los Volpini (padre e hijos) los genios mecánicos; acompañaban “Bocha” Goldberg, “Tom” Murúa, Sergio Fernández (andinista) y Enrique Uliarte (geólogo), entre otros dentro de una veintena de amigos.

 

 

 

 

 

 

* Datos y Fotos gentileza de Federico B. Kirbus

 

 

 

 




Guanaquera






Guanaquera V8



Los Coroneles y sus intrépidas Guanaqueras trepadoras (Por Federico B. Kirbus - 1998)

 

Antes que Hasta Alaska en Toyota y con Nissan a la Luna, el ingenio y la inventiva criolla vencieron la escabrosidad de la Alta Cordillera

Buen momento para un homenaje a los que abrieron en el país la etapa del offroading genuino. Hace ahora alrededor de 40 años que en San Juan se juntó un grupo de amigos con la inquietud de explorar los Andes y llegar a sitios que antes nadie había alcanzado. Desarrollaron un tipo de vehículos sui generis. Todo elemento que se podía estaba en redundancia, los motores potentes, y el peso reducidísimo: techo de toldo, por capó una lona, butacas de Citroën 2 CV, y así por el estilo. En suma: tiro de llanta máximo con peso mínimo – la fórmula ideal para trepar.

Con ellos realizamos algunas excursiones atrevidas. La más audaz seguro fue el Cierro Traviesa 1998 por la cresta del Tontal, sin huellas y con nubes amenazantes que si se cerraban nos dejaban varados a cuatro mil metros sin  escape posible. Y guarda por donde se circulaba, porque si uno se apartaba de la cumbrera cualquier acarreo de cascajo chupaba el vehículo en forma irremediable.

Esta aventura la vivimos con el grupo de Coroneles y con Pedro y Flavio. Con las Guanaqueras ya se entremezclaban por entonces algunas chatas comerciales para completar el plantel.

 

En lo alto del Tontal pasó cualquier cosa: se deshicieron todas las cubiertas incluso las de auxilio, y se rompió el cardán de una 4x4 que hubo que soldar con la ayuda de tres baterías en una labor de cuatro horas. Pero por fin alcanzamos el cerro Pircas (4368 msnm) y bajamos para dormir junto a una ciénaga que al día siguiente logramos atravesar con mucho esfuerzo.

¡Ah!, ¿por qué Coroneles? Porque, decían, cuando sus máquinas atravesaban la Puna levantando nubarrones de polvo, parecían las columnas de Montgomery y de Rommel en África.

 

Las chatas van desapareciendo por la cresta, con nubes amenazantes al fondo…

Recorrido del Cerro Traviesa saliendo desde Barreal (izq.). Hubo quetransitar más de  veinte kilómetros por la cumbrera desde la Antena hasta el Cº Pircas, donde se iniciaba la violenta bajada para retornar a San Juan.

Una de las Guanaqueras genuinas. Existían en un momento alrededor

de ocho, algunas con carrocería Estanciera. Un lobo vestido con piel de

oveja. Mecánica chacarera pero invulnerable e indestructible.

En la cima del Cerro Pircas: 4368 metros sobre el nivel del Océano

En la traicionera Canaleta, única vía para salir. Preparativos

para la trepada sobre la grava suelta. Al final hubo que tomar

envión subiendo con las ruedas traseras en sesgo por la ladera

Atrapado en la Ciénaga. No había forma de rodearla. La

única manera era atravesarla y ayudarse mutuamente con

la eslinga. Adelante la Disco de Pedro, atrás la Guanaquera

de los Volpi. Al fondo se perfila el Cerro Pircas.

A menudo se llegaba al límite, como en esta trepada por una Canaleta pedregosa donde el grip era igual a cero. Con ingenio y perseverancia al final igual se zafaba

También esto sucedía: rotura de un palier en la solitaria Laguna Brava y reparación del desperfecto in situ.  En el altiplano los fierros siempre mandan  (y los hombres del mismo modo cuando se apunan).

El Pebi Zimmermann, ideólogo del grupo, poseía incluso esta súper T 9.

El holgado lugar de carga era para llevar las vituallas y las bebidas.

Entre los miembros del grupo nunca faltaron apuestas, como este reto aceptado por el genial Volpi con su hijo, dotando su Guanaquera con cuádruples atrás y duales adelante para trepar por donde nadie lo había intentado antes. Los premios de estos desafíos eran invariablemente varias cajas del mejor vino añejo.















       

       










               
 
    

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